You’re still my favourite beater | Zachary & Amelia 

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Your intentions were gold | Zackelia 

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Estaba con el uniforme, bueno, al menos alguno de los dos si iba a clases. Aquello le hizo reír en su mente, pero prefirió no demostrarlo. Y con cada paso que daba para acercarse a él sentía como si quisiera detener el tiempo para quedarse mirandolo. Realmente quería a ese chico. Observó la sonrisa de Zachary, logrando una propia en respuesta. Escuchó aquello, alzando las cejas ligeramente mientras observaba las flores que el entregaba. Eran hermosas, muy delicadas y su aroma se sentía exquisito. Tomó las flores en sus manos y las olió de cerca, disfrutando del aroma para luego mirarlo. —Gracias.— Le agradeció para luego bajar las flores y mirarlo.

—Gracias por las de mi habitación también… ha sido una sorpresa hermosa.— Dijo sinceramente. Iba a preguntarle como había hecho para preparar aquello, pero en realidad quería decirle otras cosas primero. —Escucha… yo… he pensado.— Dijo relamiendose los labios. —Y debo pedirte perdón. No debí haberte golpeado, te hice pasar un mal momento y creeme que luego de hacerlo me sentí terrible. Fuí una niña de cinco años, no actué como debía.— Se disculpo. —Lo cierto es que me gustas y… no se como reaccionar ante eso, no se que hacer, no soy buena ni para expresar lo que siento y mucho menos para solucionar problemas.— Dijo, negando. —Solo quiero que me digas que te sucede a tí… que me expliques por qué me ignoraste y te casaste en la feria con Greengrass.— Pidió, proununciando aquel apellido con un dejo de hostilidad.

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La miró a los cristalinos ojos, la manera en la que la amarilla luz del atardecer en los terrenos resplandecía lo dejaba mesmerizado. Apretó los labios en una sonrisa que intentaba desesperadamente permanecer tranquila y bajo control. Zack asintió levemente, -De nada, me alegra que te gustara,- El Sly se calló cuando ella continuó hablando. Dejaría que le dijera lo que fuera. Asintió nuevamente, débilmente prestando atención mientras trataba de no escupir el corazón por la garganta. Cuando le pidió perdón él negó, tomando una de sus manos libros con la suya, feliz al ver que ésta vez no la retiraba. Acarició sus nudillos, dejándola hablar, no iba a interrumpirla, Amy tendría la oportunidad de decirlo todo primero.

Los ojos marrones del castaño apenas y descendieron de los azules unos instantes, encontrando sin querer los rosados labios de la chica, antes de decirse que se concentrara y explicara lo que le pedía. -Estabas en todo lo correcto de hacer lo que hiciste, lo merecía. Ese mal momento, como dices tú, no se compara para nada con lo que sentí al verte partir llorando, Amy,- confesó alzando la mano con la que sostenía la de ella para atraparla con la otra. Hizo una pausa para humedecerse los labios. -También me gustas, te lo dije aquella noche,- dijo sintiendo un calor en todo el cuerpo. -Sé que debe ser difícil creerme lo que sea que haya dicho entonces después de todo lo que pasó pero en verdad, todo lo que dije fue porque en verdad lo sentía, y lo sigo haciendo.- Con mucho cuidado, le regresó la mano, soltando un silencioso suspiro. -Lo de la feria, lo de la feria fue un completo error. No sabes cuánto me arrepiento de haberme parado por ahí. Prewett tuvo la culpa, yo,- se detuvo. Quizás no era buena idea culpar a otros, sonaría como una excusa. -Sólo fue un juego, no significó nada para mí. La razón por la que te evitaba era otra…- Miró hacia la puerta cerrada. -Era miedo.- Confesó.

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eleanor-greengrass:

 

Si — trago saliva — Un juego — repitió mientras sentía dolida por recordar, tomo el pañuelo para secarse las lagrimas. Tardo en devolverlo porque tenia el perfume de Zachary que tanto le gustaba y su corazón latió rápidamente al tenerlo tan cerca — Por supuesto. Fue antes de que me encontraras aquí… — miro al suelo fingiendo estar avergonzada pero el rubor en sus mejillas apareció por aquel suave tacto con su piel  —Yo… no quería que las cosas terminaran así… créeme Parkinson. No seria capaz de quitar el novio a alguien… aunque sea Narcissa — confeso a medias — pero — ¿y ahora que inventaba? relamió sus labios — Rabastan se acerco y lo hice, porque… me gusta — decidió por fin arrastrar con aquella afirmación ocultando su pena mirando hacia otro lado y mordiéndose el labio inferior. 

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La esquinita de su boca se alzó escasamente, al ver que dejaba de reclamarle y aceptaba su ayuda, y su pañuelo, antes de que ella se lo regresara un poco húmedo. Observó con atención el sonrojamiento en sus mejillas, completamente pensando que se debía al golpe que ella decía le habían dado. Frunció los labios molesto, negando para sus adentros. Sabía que tenía razón, Narcissa sólo jugaba el papel de víctima todo el tiempo. Escuchó los detalles que Eleanor le decía, arrugando ligeramente la frente pues quería permanecer neutro, pero ya hablaría con Rabastan. -No le has quitado el novio a nadie, Narcissa y Rabastan ya tenían problemas,- soltó sin darse cuenta que era algo que no muchos, ni siquiera en Slytherin sabían. Las cejas de Parkinson se alzaron en sorpresa al escuchar la confesión de la chica. A decir verdad fue algo incómodo, no estaba seguro porqué, quizás sólo se debía a que ellos no eran amigos y le estaba contando algo que podía considerarse íntimo. Sus dedos tamborilearon sus costados, buscando las palabras apropiadas para decirle. -Tranquila, si te gusta entonces no deberías arrepentirte de lo que hicieron,- le dijo alzando una mano para frotarse la nuca. No sabía qué más decir.

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Entrada del Gran Comedor… 

ismeda-black:

 

Dio un paso atrás, medio sobresaltada y quizás un tanto asustada por la respuesta tan brusca del chico aunque, si era honesta, una reacción por su parte no era del todo sorpresiva— Claro que tengo ojos, al igual que medio Hogwarts que vio ese episodio. La pregunta es ¿por qué fue eso? Amelia no te hubiese abofeteado porque sí —intentó sonar molesta porque él le hubiese gritado, pero no podía, porque realmente se sentía mal por él. Al oírlo, se acercó y puso la mano sobre su hombro, a modo de apoyo— No lo eres. Bueno, a veces sí pero, no… —se interrumpió a mitad de frase. Abrió los ojos y dio un salto hacia atrás para alejarse, ahora sí asustada, al verlo golpear la pared con tanta fuerza, haciéndose daño en la mano— Hey, detente —pidió en voz de grito de inmediato, porque no dejaría que su amigo siguiera haciéndose daño. Pero no parecía querer detenerse y ella era demasiado baja y menuda contra la fuerza de él para que pudiese lograr algo con tirarlo hacia atrás. Había dejado su varita en su bolso, que estaba en el gran comedor, por lo que la magia tampoco era una alternativa. Antes de que asestara un nuevo golpe contra pared, Meda fue rápida y se puso entre la estructura y Zack, intentando con esto que dejara lo que hacía— ¡Detente! —pidió otra vez, observando primero sus manos heridas y luego su rostro— Golpear una pared y hacerte daño no arregla nada. Así que vas a dejar de hacer eso y me vas a decir qué mierda pasa.

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Se proponía lanzar otro golpe al muro cuando ella se interpuso entre él y la pared, deteniéndose abruptamente para no lastimarla. Sería la gota que derramara el vaso de su cordura. La miró a los ojos furioso al escuchar su orden, por estorbarle, por detenerlo, y apretándo la mandíbula bajó la herida mano a su costado. Tragó saliva con fuerza e intentó respirar profundamente para calmarse, evitando la preocupada mirada de Andrómeda. La entendió preguntar por su mano ensangrentada y del rabillo de sus ojos su movimiento por alcanzarla. Zack se volvió y rodeó a Meda con los brazos, en un abrazo que sin lugar a dudas la había tomado por sorpresa.

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Stay out of Trouble | Andrómeda & Zack 

ismeda-black:

 

Pensó en rebatir lo dicho sobre sus hermanas, pero si algo no podía negar era que su hermana mayor efectivamente no era la persona más agradable con ella y no pretendía discutir con su amigo por su hermana menor, así que al final calló— ¡Ouch! —volvió a quejarse cuando Mittens al saltar le enterró las uñas en las piernas otra vez. Soltó una carcajada, al tiempo que se estiraba hacia el chico para despeinarlo pasándole la mano seguidas veces por el cabello, dejando este hecho un desastre.

Se echó hacia atrás pero el brazo del mueble no le permitió alejarse lo suficiente para que Andrómeda no lo despeinara, además de que ya lo tenía bien agarrado con fuerza del cabello. Sonrió a causa de la risa de la chica, tratando de soltarse pero al no tener éxito optó por tomarla por la cintura, enterrando con fuerza los dedos en la piel por encima de su ropa y le hizo cosquillas. Meda era probable la persona más sencible a las cosquillas que Zack conocía y cada que podía se aprovechaba de eso para molestarla. La morena pataleó, casi golpéandolo con la rodilla en la cara hasta que finalmente libero su agarre del cabello del Slytherin. Cuando se soltaron ambos se estaban riendo, pero ella estaba roja y apenas y podía respirar, inclusive se le habían salido unas lágrimas de risa. -No vuelvas a hacer eso,- le dijo supuestamente a tono de regaño acomodándose el cabello con una mano. Miró sus dulces en la mesita de al lado y agarró la cajita, tomando un caramelo y lanzándolo al aire antes de atraparlo con la boca. -Buenas noches, fea- se despidió de ella, tirándole un dulce en la cabeza antes de reírse y echarse a andar hacia los dormitorios de los chicos, sólo volteando hacia atrás cuando escuchó a su amiga despedirse.




Rita Skeeter aprendió a besar con una salchicha.
— Anónimo.

Rita Skeeter aprendió a besar con una salchicha.

— Anónimo.



itsfabianprewett:

 

Si tambien me falta eso —suspira un poco— Es demasiado lo que nos pido pero no quiero decepcionarlo la verdad, ya he sacado muchos libros ¿no quieres que te de unos?

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Asintió con aburrimiento, -¿Eh?- le sorprendió lo que el chico le proponía, no era todos los días que un Gryffindor fuera tan amable con un Slytherin, pero después de todo se trataba de Fabian. -No está bien, yo también he tomado varios y honestamente entre más saco más flojera me da terminar.- Concluyó regresando el libro que llevaba en las manos a la estantería. -Gracias por casi tirar a Rodolphus Lestrange de la escoba en el último partido,- comentó Zack sonriendo de lado. -¿Cuánto pides para que la próxima no falles? ¿Cincuenta? ¿Sesenta galeones?-

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'There were a few words we weren't sure how to pronounce and we thought maybe you could help us?' (x)



ameliarockyourbones:

Emilian Bones

And the same ones that I ride with, be the same ones that I die with.

  • Nombre: Amelia Emilian Bones
  • FC: Matt Lanter
  • Curso: Sexto
  • Casa: Gryffindor
  • Gustos: Las fiestas, las bromas, el alcohol y las chicas.

Historia

Emilian nació un 24 de noviembre convirtiendose en el segundo hijo de la familia Bones. Desde pequeño, Emilian ha sido un torbellino para su familia, siempre de un lado al otro, embarrandose en los jardines de la casa, probando suerte en la escoba de su hermana Edna para terminar rompiendo las lamparas que colgaban en el techo… definitivamente, la familia Bones no tardo en comprender que el chico era inquieto y necesitaba constante atención para que no rompiera algo. Su infancia la recuerda bastante bien, yendo de un lado al otro con su hermana y sus primos debido a que eran una familia numerosa, haciendo travesuras y divirtiendose en grande. Fue cuando Edna se fue a Hogwarts que las cosas cambiaron. Durante el año que estuvo solo en su hogar, sus padres intentaban realmente solucionar la actitud irresponsable y bromista de Emilian. El chico, cansado de que sus padres le dieran constantes sermones, fingió que realmente había cambiado para que lo dejaran de molestar. Algo que sus padres creyeron.

Fue en Hogwarts que la verdadera personalidad de Emilian salió a relucir. Se toma el tiempo mínimo y necesario para hacer sus trabajos prácticos, simplemente para que a sus padres no sean llamados por los profesores y descubran que en realidad nada había cambiado en él. Para los exámenes siempre encuentra la forma de hacer trampa, por lo que tampoco le preocupan. Tiene grupos de amigos desparramados por todas las casas, es bastante popular entre las chicas y mas de una vez se lo ha visto metido en una pelea. Tiene bastante habilidad para los hechizos de defensa y de ataque, como también para los encantamientos. Su mente siempre esta entre alguna buena broma para aquellos que no tolera.

Personalidad

Emilian es un chico inquieto desde pequeño, necesita siempre estar haciendo algo, no importa qué. Tiene un gran sentido de la lealtad, siempre estará detras de sus amigos para cuidarle las espaldas y pretende lo mismo de ellos, por lo cual no tolera en lo mas mínimo las falsedades. Decidido, cuando quiere algo lo consigue sin importar cuan dificil sea. Temerario, definitivamente Emilian hace lo que sea que pueda hacerle sentir emociones fuertes. Esto le ha causado mas de una visita a la enfermería. ¿En su defensa? Le pareció divertido y lo intentó. Prefiere actuar a la ligera antes de quedarse con la duda o en el molde. Es carismatico, siempre lo veras con una sonrisa en la cara, haciendo amigos y ayudando a quien sea que se lo pida. Pero puede tornarse bastante violento cuando lo hacen enojar, puede largarte las verdades como si nada y tiene una derecha bastante fuerte, por lo que mejor no lo hagas enojar a menos que quieras un ojo morado.

Despreocupado, vive su vida de la mejor manera posible. Lo serio lo aburre, necesita divertirse y con él toda reunión será una fiesta. Devoto de las salidas, es el primero en levantar una botella cuando se lo piden y el primero en ir a hablarle a aquel lindo grupo de chicas. Nunca ha buscado algo serio, simplemente porque piensa que hay muchos peces en el agua y el tiene una red lo suficientemente grande. De todas formas, intenta no jugar con los sentimientos de las chicas, solo les deja en claro que cuando dice que no busca compromisos, realmente no los busca y no se hara cargo de nada. En pocas palabras, confiable, divertido, poco paciente, temerario y siempre con su sonrisa de oro.

Párrafo

El castaño dejo salir una nueva carcajada al escuchar lo que su amigo decía para después volver a llevarse el cigarro a su boca. Sintió el tabaco colarse en sus pulmones para luego dejar salir el humo por la boca. Emilian y dos de sus mejores amigos habían abandonado la idea de presentarse a la clase de Historia de la Magia. Realmente con el día soleado del que disfrutaban las ganas de encerrarse en un aburrido y oscuro salón no era del agrado de nadie. Aunque ellos solos parecían haber tenido la idea de salir al patio a disfrutar de la brisa y el sol en sus rostros.

De un momento a otro los pasillos comenzaron a llenarse de bullicio. Era la hora del intercambio de clases. Varios alumnos pasaron delante de ellos, algunas chicas le dedicaron sonrisas coquetas a Emilian, quien las devolvió, añadiendo un guiño de ojo dependiendo que chica era. Sus amigos no tardaron en sacar la varita de sus túnicas para hacer que a un chico de Slytherin se le cayera todo lo que llevaba, a otro le hicieron tropesar y casi se rompía la nariz, a una de las chicas mas pechugonas de Hufflepuff hicieron que se le desabrocharan los botones de la camisa, todo aquello para diversión de los chicos que no apraban de reír. Emilian recibió un codazo de uno de los chicos que lo hizo girarse y encontrar a la pelinegra. El castaño sacó la varita del bolsillo de su túnica, apuntando hacía la chica que pasaba cerca de ellos. De la varita salió una rafaga de aire que hizo que la falda de la chica se levantara. Sus amigos rieron divertidos, chiflando al ver la ropa interior de la Slytherin. —¡Lindas piernas, Parkinson! ¡La próxima pasa mas cerca así las contemplo mejor!— Le gritó Emilian a la chica que parecía querer matarlo con la mirada.

¡BONES!" Espetó una voz desde el interior del castillo. Los cuatro tomaron sus túnicas, apagando los cigarros rápidamente para salir corriendo de allí entre risas y escuchando los pasos rápidos de McGonagall que iba nombrando y amenazando a cada uno con los castigos.



Your intentions were gold | Zackelia 

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Amelia caminaba algo nerviosa hasta la Torre de Astronomía. Se había asegurado de ducharse, peinarse, perfumarse y vestirse bien para aquello. Merlín… ¿quién hubiera imaginado que Bones haría algo así y todo por un chico? Quería solucionar las cosas, realmente lo quería. Durante todos los días sin verlo, sin hablar con él, sin siquiera tenerlo cerca la había pasado mal, muy mal. Estaba enojada, si, pero por otra parte no había puesto nada de si para intentar solucionarlo. ¿No le había dicho a Rabastan que hablando encontraría una solución con Narcissa? Debería seguir su propio consejo.

Antes de entrar a la Torre se hechó una mirada rápida, comprobando que todo estuviera en su lugar. Se quitó el cabello de la cara y suspiró, entrando finalmente para luego cerrar la puerta tras ella y buscarlo con la mirada. Contuvo la respiración por un segundo, allí, parado con otro ramo de flores en la mano. No pudo disimular una pequeña sonrisa. Se acercó, conteniendo sus ganas de abrazarlo en ese momento. —Hola…— Dijo cuando estuvo cerca.

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Estaba recargado contra uno de los barandales de protección del telescopio más grande, en el ático de la torre de astronomía. Se había forzado a quedarse ahí, lo más quieto posible, después de dar varias vueltas de un lado a otro como tonto. Aún faltaba tiempo para la hora que le había dejado en la nota, pero de cualquier manera se permaneció ahí un buen rato. Observaba el ramo de flores que llevaba en las manos, preguntándose si a Amelia le habría gustado la sorpresa. ¿Y si no? Quizás en esos momentos la chica estaba lanzando todas las flores por el retrato, ¿y si volvía a ser el hazme reír de la escuela? Arrugó la frente, ni modo, se lo seguía mereciendo. Separó la vista del ramillete, pasando la mirada por el lugar. Ahora se arrepentía de no haber tomado algo con que cambiarse, ahí estaba él, aún con el uniforme de Slytherin, el cuello de la camisa y la verde corbata algo flojos pues la tarde era cálida al igual que la suave brisa que soplaba.

El chirrido de la pesada puerta lo tomó por sorpresa, se irguió rápidamente, pegando las flores a su pecho. Al verla entrar, al ver que en verdad había ido a buscarle no pudo evitar sonreír genuinamente. Hacía más de una semana que no lo hacía. -Hola,- respondió lo más tranquilo que pudo, aunque a decir verdad se sentía casi eufórico. -Creo que ya tienes bastantes en tu dormitorio pero, bueno, son para ti,- le dijo ofreciéndole el ramo de bonitas peonias rosadas.

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Your intentions were gold | Zackelia 

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Después de haberla conocido en la cita a ciegas, Zachary había recurrido a Florence Greengrass por su talento con las flores para planear un detalle para Amelia. Después de intercambiar algunas lechuzas, el Sly aceptó que después del bochornoso momento público en el Gran Comedor quizás el siguiente paso debería ser más discreto, por lo que desistió de su plan original de hacerle llegar flores por la mañana al comedor. Fue entonces que requirió ayuda interna, o mejor dicho una cómplice. Olvidando su orgullo de Slytherin fue y pidió ayuda a una de las únicas Gryffindor con la que no había sido un completo patán, al menos no todo el tiempo: Mary MacDonald. Al principio se miraba dudosa e inclusive sospechosa a la idea, pero con la ayuda de Florence y la evidencia para la sorpresa la chica aceptó emocionada a ayudarles. Fueron ella y la menor de las chicas Greengrass quienes colocaron las flores colgantes por toda la habitación, y no sólo la cama y escritorio de la castaña, llenando el dormitorio de una agradable aroma floral.

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Finalmente, sobre la almohada de la cama de Amelia colocaron la nota sellada que Zachary les había entregado. Ésta en su interior leía:

Quisiera volver atrás y enmendar mis errores, pero en un beso sabrás todo lo que me he callado…

Torre de astronomía, 6:30pm. Si decides ignorar mi invitación lo entenderé, y prometo que no volveré a molestarte, Amy.

Espero te gusten las flores.

Zachary Parkinson

La castaña volvía desde el jardin, nuevamente al castillo, específicamente a su habitación donde pasaba casi todas las horas de los días. Algún día iba a tener que salir de allí, eso lo sabía. No podía quedarse allí encerrada de por vida como si hubiera muerto alguien. Y justo daba la casualidad que en su camino por el pasillo se cruza a McGonagall que la detuvo, haciendo preguntas sobre donde había estado y por qué había faltado tanto a clases. Amelia no era la mejor alumna de la escuela, seguramente era una de las peores, pero tampoco solía perderse todas las clases como había hecho desde la pelea con Zachary. La Gryffindor simplemente respondió que no estaba de animos. McGonagall se la quedó mirando para luego advertirle que podría perder el año, que arreglara sus problemas y volviera a la normalidad. Aunque un deje de compasión pudo verse en el rostro de la vieja bruja antes de marcharse, Amelia supo que la profesora hablaba en serio.

Subió las escaleras y le dijo la contraseña a La Dama Gorda que al verla con tan mala cara decidió no molestarla con algo y abrió la puerta de la Sala Común para ella. En el interior solo había algunos chicos de cursos menores y volvió a subir las escaleras para llegar a su cuarto. Al abrir la puerta no hizo otra cosa que quedarse helada. Cientos de flores colgaban del techo y de la cama de Amelia, atados delicadamente con cintas rosas y despidiendo un olor hermoso. La castaña frunció el ceño. ¿Alguna de sus compañeras había decidido hacer cambios de decoración. Se dirigió hasta su cama, sin dejar de observar y oler de mas cerca las hermosas flores de colores. Cuando iba a sentarse vió en su almohada una carta. Frunció el ceño meintras la tomaba y la abría. La leyó incontables veces, sin poder creer que hubiera hecho aquello para ella. Observó nuevamente todas las flores y sonrió suavemente, sintiendo en el medio de su pecho que era lo que debía hacer.



eleanor-greengrass:

 

Pensó que se había marchado, iba a ser mas fácil que ignorar que estuviese ahí porque no estaba segura cuanto tiempo iba a ser capaz de controlarse. ¿Se tenia que burlar de ella todo el tiempo? Su padre, su hermano. Por eso odiaba a los hombres, por eso detestaba aquella forma tan natural en los que pueden herirte y ella ya no era una niña débil y miedosa. Ella era fuerte, de acero nada debía derrumbarla — Lo se — intento componer su tono pero solamente gimoteo — Me di cuenta Parkinson, no soy idiota — se limpio las lagrimas para levantar la vista — ¿Pero no se te hizo cruel incluso para ti? Si no querías debiste haberlo dicho…. — suspiro riendo por su ultimo comentario — Yo… no quiero que pienses que estoy obsesionada contigo. Y no estoy llorando por ti — expreso con cierta crueldad — Si no por la estúpida de Narcissa solo porque… bueno… No es culpa mía que Rabastan se haya acercado a mi, ¿me entiendes? Yo no se lo pedí. 

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Miró al suelo de piedra cuando ella le dijo que sabía todo, una de sus lágrimas encontró camino hasta el piso frente a él y eso le hizo alzar la vista, realmente avergonzado por su actitud. Maldita sea, todo le salía mal últimamente. Zack negó cuando ella se llamó idiota, viéndola secar sus lágrimas él llevó una mano a un bolsillo interno de su bolsillo y sacó un pañuelo. Dudó que fuera a aceptárselo pero lo mínimo que podía hacer era ofrecerlo. Le extendió la mano con el pañuelo, -Ya te lo dije, sólo quise ser educado. Además no significa nada, sólo era un juego pero si debí golpear al idiota de Gideon,- aclaró y le alegró ver algo parecido a una sonrisa, aunque fuese por un fugaz instante en el pálido rostro de Eleanor. -¿Qué? No, ¿porqué habría de hacerlo?  Y bueno, me alegra saber eso,- soltó sin pensarlo, mierda, cuánto tacto. -Quiero decir, espera ¿qué? ¿Qué te hizo Narcissa?- preguntó e instantaneamente logró ver la marca rojiza de un golpe en su mejilla. La tomó por la barbilla sin pensarlo con los ojos bien abiertos en sorpresa. Narcissa Black era increíble, en verdad había llegado a otro nivel, ¿golpear a otra chica? -¿Ella te hizo eso?- preguntó indignado y entonces escuchó el nombre de su amigo. ¿Pero qué acaso no había dicho que intentaría arreglar las cosas con Cissa? Cierto, no lo había hecho. Frunció el entrecejo soltándola.

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Entrada del Gran Comedor… 

regulusregblack:

 

—¿Mejor?… —Preguntó, alzando una ceja. Debía haberle pasado algo muy malo como para que el muchacho reaccionara así.

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Haló el humo por su garganta hasta que sus pulmones se llenaron, consumiendo rápidamente el cigarrillo. Meneó la cabeza en negación, alzando una mano para que le diera un segundo, recargándose contra la pared de piedra, rebotando ligeramente la cabeza contra ésta. Zack comenzó a soltar el humo en una espesa cortina gris. -Ni todo el tabaco del mundo me ayudaría,- replicó con pesimismo. -Pero gracias,- continuó ladeando la cabeza hacia Regulus para mirarle.

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